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miércoles, 11 de junio de 2014

Sissí, la emperatriz “nihilista”

“¿Qué querría ese hombre horrible? Tal vez quería quitarme el reloj”. Isabel de Austria, popularmente conocida como Sissí, dirigió estas palabras a su dama de honor después de que un estilete afilado en forma de triángulo la hiriera de muerte. El anarquista Luigi Lucheni salió a su paso guiado por ese destino que obsesionó a la emperatriz y se cruzó en su camino de forma definitiva. La dejó aun que anduviese, allí, en el muelle de Ginebra, hasta el vapor que había de conducirla hasta Montreux. Una vez en cubierta se derrumbó. La herida era pequeña, pero perfecta y había alcanzado certeramente el corazón. Era el 10 de septiembre de 1898.

Esta mujer singular fue anoréxica y careció de lazos que la ataran a algo que no fuera el culto al yo, que destaca Maurice Barrés cuando escribe sobre ella. Ha inspirado películas melosas, biografías como la de Brigitte Hamann, un diario admirable de su joven profesor de griego, Constantin Christomanos, al que literalmente fascinó, y escritos del citado Barrés, Paul Morand o Cioran, entre los intelectuales. El primero refiriéndose a las palabras de Isabel que recoge Christomanos asegura que son “el poema nihilista más extraño que jamás se ha vivido en nuestros países”. Lo que no ofrece dudas es que apostó por construir su existencia al margen de lo que se esperaba de ella. Cuenta Christomanos que cierto día en Corfú halló en el exterior del palacio a Sissí cuando apenas eran las cinco de la mañana: “Siempre subo aquí antes de que salga el sol, para ver cómo se despierta todo. Nunca más venga aquí a esta hora. Es el único momento en el que estoy sola de verdad”. La soledad, he ahí, junto con el cambio que era la huida, una de las obsesiones de Isabel de Austria. No se antojaba “lo normal” en una joven que a los 16 años entraba en la corte de Viena -se la odió desde el primer momento- por su matrimonio con el Emperador Francisco José. Fue célebre su belleza y ha pasado a la historia su preocupación por su figura -apenas comía- y su adicción a la heroína. Pero esos caprichos o vicios de dama consentida sabía alternarlos con decisiones que alimentaban su fama de extravagante, como sus incontables viajes, su pasión por los caballos (a su caballo le llamo “Nihilista”), su fascinación por Hungría -tan mal vista en la corte vienesa- su atracción por el mar.

Decía que en Shakespeare los locos son los cuerdos y vivió un tiempo en el que porque le gustaba pensar, una dama en la Corte comentaba: “¿Cavilar? Con lo peligroso que eso es”. En su haber cuentan frases bastante lúcidas: “¿Por qué ha de amarnos el pueblo humilde y pobre a nosotros que vivimos en la abundancia y el brillo?”. Y a Christomanos: “¿Habla de la vida de borregos desarrollados que llevamos? Es una vida tan tenebrosa y falsa que podemos ahorrarnos el esfuerzo de encontrarla soportable”. Se le acusa de haber descuidado -con la excepción de María Valeria- a sus hijos, pero la verdad completa es que si bien no fue expresiva, sus dos primeros hijos le fueron arrebatados por exigencias del protocolo como recoge Paul Morand, y sobre Rodolfo, que recibía una dura educación militar con sólo seis años, escribió al Emperador exigiéndole un poder ilimitado en lo concerniente a la formación de sus hijos. No quiso más reino que su vida interior, apunta Barrés. Y lo cierto es que en su indiscutible culto al yo no entraba únicamente el que rendía a su belleza o al cumplimiento de sus deseos. Gustaba de escribir poemas, se interesaba por Heine y por Homero por quien aprendió griego antiguo. El interior o el exterior, pero ella. Ha escrito Cioran que las manías de Sissí sólo podían tener sentido en una época que culminaría en una catástrofe modelo. Ella conocía las emociones que despertaba: “La gente no sabe por dónde cogerme. Se resisten a que alguien perturbe el orden de sus cajoncitos etiquetados”. Un buen autorretrato.

Trinidad de León
Artículo publicado en el número 4 de la revista NADA

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jueves, 23 de junio de 2011

Pentti Linkola

http://www.corrupt.org/drupal/files/images/pentti_linkola.jpgKaarlo Pentti Linkola es un ecologista finlandés. Ha escrito profusamente sobre sus ideas y es muy conocido en su país. Vive de manera sencilla y trabaja como pescador. Linkola considera que la humanidad está destruyendo el medioambiente, y por eso plantea como solución la reducción del número de personas en el mundo y la desindustrialización. Su ideal de sociedad es una dictadura totalitaria, gobernada por una élite intelectual, donde la mayor parte de la población tenga el nivel de vida de la Edad Media y el consumo esté limitado solamente a recursos renovables.

Linkola creció en Helsinki. Su padre, Kaarlo Linkola, era el rector de la Universidad de Helsinki. Pentti Linkola eligió no continuar sus estudios de zoología y botánica tras el primer año, y orientó su formación hacia el naturalismo, fruto del cual fue su libro: Gran libro de los pájaros ("Suuri lintukirja"), (1955) con O. Hilden.

La primera publicación política de Linkola fue el panfleto: Para la tierra padre y los humanos ("Isänmaan ja ihmisen puolesta") (1960), en el cual defendía el pacifismo y la objeción de conciencia.

Linkola es conocido por su gran amor a los pájaros. En sus escritos expresa a menudo admiración hacia los bosques y la naturaleza en general, lo cual le lleva a defender la extinción de gatos y visones, así como otras especies animales fineses que considera foráneas y destructoras del medio ambiente.

Su vida es bastante sencilla. No posee coche ni agua corriente. Se dedica a vender peces que consigue en un bote, y vende puerta por puerta con un caballo.

En su colección de ensayos: Sueños sobre un mundo mejor ("Unelmat paremmasta maailmasta") (1971), escribió por primera vez su opinión sobre ecología. Ha continuado hablando contra el modo de vida del Occidente moderno, y la explotación de recursos naturales en sus siguientes libros Introducción al pensamiento de los 90 ("Johdatus 1990-luvun ajatteluun") (1989) y Podría la vida ganar ("Voisiko elämä voittaa") (2004), colecciones de escritos publicados en diversos periódicos y revistas finesas. Más tarde produjo controversia por su reconocida admiración a la Alemania nazi.

Como filósofo, Linkola podría ser considerado como empirista biocéntrico. Defiende que la humanidad vuelva a un nicho ecológico, y abandone la tecnología y el progreso económico. Por otra parte, considera que una buena sociedad debería tener alta tecnología militar para defenderse de ser conquistada por sociedades no medioambientales. Asimismo, opina que el crecimiento poblacional es la mayor amenaza a la vida en la Tierra, lo cual le ha llevado a defender la eugenesia y el asesinato como posibles formas de controlar la superpoblación. Ha sugerido que las grandes ciudades deberían ser atacadas con armas nucleares. También ha defendido las guerras que ocurren en el mundo, por conseguir que se reduzca la población. Su postura ecológica es vista como exagerada y autoritaria.

Bibliografía

  • Linkola, Pentti & O. Hilden: Suuri Lintukirja. Otava 1955, reedición 1962.
  • Isänmaan ja ihmisen puolesta: Mutta ei ketään vastaan. Helsinki: Suomen sadankomitealiitto, 1981.
  • Linkola, Pentti: Pohjolan linnut värikuvin: Elinympäristö. Levinneisyys. Muutto. Otava 1963-67.
  • Linkola, Pentti: Unelmat paremmasta maailmasta. Porvoo: WSOY, 1990.
  • Linkola, Pentti: Toisinajattelijan päiväkirjasta. Porvoo: WSOY, 1979.
  • Linkola, Pentti & Osmo Soininvaara: Kirjeitä Linkolan ohjelmasta. Porvoo: WSOY, 1986.
  • Linkola, Pentti: Johdatus 1990-luvun ajatteluun. Porvoo: WSOY, 1989.
  • Ekologiseen elämäntapaan: johdantoartikkeli. Yliopistopaino, 1996.
  • Linkola, Pentti: Voisiko elämä voittaa. Helsinki: Tammi, 2004.
También:
  • Kämäräinen, Kauko: Linkola, oikeinajattelija. Tampere: Määrämitta, 1992.
  • Alén, Eero: Linkolan soutajan päiväkirja. Turku: Sammakko, 2006.

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