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lunes, 26 de mayo de 2014

Sofia Kovalevskaya, matemática y nihilista

Una de las mujeres más interesantes del siglo XIX es la matemática rusa Sofia Kovalevskaya (1850-1891). Su increíble inteligencia, su sentido de la libertad, su rebeldía y sus ideas sociales avanzadas hacen de ella una persona totalmente fascinante. Pese a todo, es una desconocida para la mayoría de la gente, al menos en España.

Es verdad que las matemáticas no son el tipo de actividad con la que uno se haga famoso, y tampoco esta ciencia disfruta de demasiada buena prensa, ya que se las asocia con la dificultad, la abstracción, etc. Sin embargo los modernos avances en astronáutica, informática o ingeniería no hubieran sido posibles sin el gran desarrollo alcanzado por las matemáticas, que en definitiva son el "lenguaje de todas las ciencias"

Sofia Kovalevskaya fue una mujer extraordinaria tanto en el aspecto puramente científico y académico, como en su manera de entender la vida, la posición de la mujer en la sociedad, y sobre todo el papel de la ciencia al servicio de la transformación social.

Sofia (o Sonya, como también se la conoce) Vasilyevna Kovalevskaya, nació el 15 de enero de 1850 en Moscú, en el seno de una familia burguesa de abundantes recursos económicos y proclive a la actividad intelectual. De hecho, el famoso escritor Dostoievsky estuvo durante un tiempo cortejando a Anyuta, la hermana mayor de Sofia.

Hay que decir que la sociedad rusa de mediados del siglo XIX era deprimente en casi todos los sentidos, gobernada por un autocrata (el zar, cuyo poder era ilimitado), con una economía de tipo feudal, y sometida a los valores del más rancio patriarcado y de la religión cristiana ortodoxa. En tales circunstancias el desarrollo económico, científico y cultural estaba completamente bloqueado, y la oligarquía (con el auxilio de la Iglesia) buscaba unicamente mantener sus privilegios reprimiendo cualquien movimiento que significara cambio.

En el caso de las mujeres, su horizonte vital se veía normalmente limitado a buscar un buen matrimonio y dedicarse el resto de su vida a las tareas del hogar. Sin embargo ya desde mediados del siglo XIX comenzaron a aparecer movimientos de rebelión de distinto signo dentro de la sociedad rusa. Las ideas socialistas y anarquistas, tomando multitud de formas, prendieron con fuerza en buena parte de los intelectuales y de la juventud. La derrota en la Guerra de Crimea (1856) colocó al zar en una situación dificil, y se incrementaron las protestas de los campesinos, los militares, los intelectuales, los estudiantes, etc, que reclamaban cambios sociales.

El más interesante de estos movimientos de rebeldía fue el de los llamados nihilistas, termino acuñado por Turguéniev en su novela "Padres e hijos" (1863) para describir el personaje de Básarov, y que estos jovenes aceptaron gustosamente como propio.

Los nihilistas se oponían a todo lo que representaba la sociedad rusa tradicional, cuestionando todas las formas de autoridad y considerando la destrucción del viejo orden como la principal herramienta de cambio político. Frente al orden patriarcal, ellos creían en la igualdad de sexos; frente a la religión cristiana, ellos eran ateos y materialistas; frente a la familia tradicional, ellos reivindicaban las comunas y el amor libre; frente al orden social establecido, ellos creían en la evolución y el progreso, rechazando todas las convenciones e ideas preestablecidas. Y por encima de todo reivindicaban el papel de la ciencia como fuerza liberadora en la construcción de una nueva sociedad, desterrando la superstición, la ignorancia y los privilegios.

Es importante no confundir el nihilismo con el anarquismo. Aunque ambos tienen en común el rechazo a la autoridad, el nihilismo es positivista y con la ciencia ocupando el lugar central, mientras que el anarquismo es más populista, buscando la emancipación del pueblo en forma colectiva y rechazando el intelectualismo. Bakunin criticaba a los nihilistas por sus planteamientos netamente positivistas, que les habían alejado del pueblo y de los problemas políticos y sociales para entregarse a una solitaria dedicación a la ciencia.

Obviamente el zar y el resto de poderes establecidos, no veían con buenos ojos a estas personas que cuestionaban el orden social, así que se dedicaron a reprimirlos con violencia. Muchos nihilistas fueron encarcelados, asesinados, o tuvieron que emigrar.

Sofia Kovalevskaya era una mujer de ideas nihilistas. Ante la imposibilidad de acudir a la Univeridad (vedada a las mujeres en Rusia, como en casi toda Europa), se marchó al extranjero acompañada de su hermana Anyuta.

Antes se había casado con Vladimir Kovalevsky, un paleontólogo evolucionista, en un "matrimonio ficticio" que tenía como única finalidad burlar las normas legales que establecían que las mujeres no podían hacer practicamente nada sin el permiso de sus maridos o de sus padres. El "matrimonio ficticio" era muy popular entre los jovenes nihilistas, y consistía en que una mujer se casaba con un hombre con el único objetivo de liberarse del yugo familiar. Posteriormente cada uno hacía su vida por su cuenta, y el marido debía darle todos los permisos que ella solicitara de manera que la mujer pudiera estudiar, trabajar, viajar, vivir en comunas, etc, sin trabas.

En Alemania, Sofia pudo estudiar con algunos de los principales matemáticos del mundo, como Karl Weierstrass. Precisamente Weierstrass fue quien dirigió la tesis con la que se doctoró en matemáticas por la Universidad de Gotinga en 1874, siendo la primera mujer en la historia que lo conseguía.

Regresó a Rusia en 1875. Lo que en un principio había sido un "matrimonio ficticio" con Vladimir Kovalevsky, se transformó en una relación seria, y ambos tuvieron una hija llamada Sofia en 1878. Sin embargo en estos años estuvo bastante alejada de las matemáticas, no le daban trabajo en ninguna Universidad y se dedicaba basicamente a frecuentar los círculos culturales de San Petersburgo, mientras su marido intentaba hacer fortuna con negocios inmobiliarios, cosa que nunca logró.

En 1879 se deterioró la relación entre ambos, y Sofia decidió retomar su actividad científica. Reanudó su correspondencia con Karl Weierstrass, viajó por Berlín y París (donde también frecuentaba círculos políticos radicales), y finalmente, gracias a su amistad con el matemático sueco Gösta Mittag-Leffler, logró en 1884 una plaza de profesora en la Universidad de Estocolmo, donde sus clases tenían gran seguimiento. También formó parte del consejo editorial de la revista Acta Mathematica, una de las de mayor más prestigio en el ámbito de las matemáticas. Entretanto había recibido la noticia del suicidio de su marido en 1883, atosigado por las deudas.

Su gran momento llegó en 1888 cuando logró el prestigoso Premio Bordin de matemáticas, siendo la primera mujer que lo lograba, para lo cual tuvo que resolver las celebres Ecuaciones de Euler "sobre la rotación de un sólido pesado alrededor de un punto fijo", un problema que desde hacía muchos años traía de cabeza a los mejores matemáticos. Esto le supuso un premio de 5.000 francos y el espaldarazo definitivo a su carrera, siendo reconocida como una de las mayores autoridades matemáticas del mundo.

Sin embargo no pudo disfrutar de su merecido prestigio durante mucho tiempo. Tras unas vacaciones en Génova a finales de 1890, regresó a Suecia en un viaje bastante accidentado. Durante el trayecto cogió un catarro, que luego degeneró en neumonía, y falleció en Estocolmo el 10 de febrero de 1891, cuando solo contaba 41 años de edad.

Tras su muerte, la fama de Kovalevskaya creció como la espuma, llegando a convertirse practicamente en un mito. Claro que para un ministro ruso llamado Pyotr Durnovo, no había para tanto, ya que "se estaba prestando demasiada atención a una mujer, que al fin y al cabo, era una nihilista"

Además de su quehacer matemático, Sofia escribió artículos de divulgación científica y otros temas como el teatro, e incluso publicó un par de novelas: "Memorias de juventud" (1890) y "Mujer nihilista" (1892) Como todos los nihilistas, consideraba que la divulgación de las ciencias y las artes era una actividad revolucionaria, una manera dotar de armas a las clases populares para acabar con la monarquía y hacer la revolución.


Artículo publicado en el nº 4 de la revista NADA

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viernes, 4 de enero de 2013

Carta abierta a la Ignorancia


Hola Ignorancia,

¿Cómo estás? ¿Contenta no? Ya imagino, yo en tu lugar también lo estaría, te vas a poner las botas con los pobres españoles después de los últimos acontecimientos… qué bribona eres pillina.

Mira, perdona que te escriba desde tu lado oscuro, el de la Ciencia, pero como sé que estás de fiesta tras los últimos recortes en Investigación + Desarrollo, tus enemigos tradicionales, supongo que no te importará que un pobre perdedor te dé un poco la vara aprovechando la iniciativa que lainformación.com ha tenido para intentar mostrar, bajo el lema #sinCiencia no hay futuro, las consecuencias reales de las restricciones presupuestarias adoptadas en el campo de la I+D… tonterías mías, ya me conoces.

Oye Ignorancia que digo que me perdones las prisas en ponerme en contacto contigo porque, aunque pensaba dirigirme a tí en mi blog dentro de unos meses, me he adelantado un poco porque como tú bien sabes las nuevas tecnologías, esas que contribuyen al estado del bienestar en el que vivimos y que nos permiten comunicarnos a través de blogs, redes sociales, móviles de última generación, etc. solo son posibles gracias al desarrollo científico y #sinCiencia eso de las nuevas tecnologías como que no lo veo.

Claro que tú, querida Ignorancia, nos vendrás con el cuento demagógico de que anteriormente no existían tantas nuevas tecnologías fruto del desarrollo de la Ciencia y disfrutábamos en casa con nuestros hijos. No seré yo el que diga que no lo hagan otras personas, qué suerte la suya, pero… ¿sabes una cosa amiga Ignorancia? Yo no hubiese podido hacerlo porque mi hija, como millones de niños en todo el mundo, es fruto también del avance de la Ciencia y de las nuevas técnicas de reproducción asistida y #sinCiencia no estaría ahora mismo a mi lado mientras te escribo.

Sé que estás pensando que no pasa nada, que también hay gente que es feliz sin tener hijos porque mientras haya salud tenemos que dar gracias a no sé quién pero… ¿Has dicho salud? Desgraciadamente no puedo estar de acuerdo contigo tampoco en esto porque gracias al desarrollo de la Ciencia en el campo de la medicina, fruto de la inversión en este campo y no de recortes injustos y desequilibrados, la esperanza y la calidad de vida del ser humano ha aumentado espectacularmente en los últimos años y #sinCiencia no habrán avances en nuevas vacunas, ni desarrollo de novedosos fármacos, ni nuevas técnicas de diagnóstico de enfermedades… ni salud.

No, no me lo digas que ya sé lo que está pasando por tu cabeza. Sé que tú eres de las que piensan que para qué queremos la Ciencia en la salud, si hay cada vez más personas, embaucadores los llamaría yo, que no tienen ni idea del método científico y que se dedican a “curar mágicamente” a pobres infelices que depositan todas sus esperanzas en las verdaderas enemigas de la razón, tus compañeras las Pseudociencias… y #sinCiencia no habrá quien ponga freno al avance de la astrología, la homeopatía, el feng shui y demás disparates que atentan contra el rigor científico… y contra el bolsillo y la salud de quienes las practican.

Claro que vosotras, queridas Pseudociencias, estáis muy tranquilas porque sabéis perfectamente que la única forma de poneros freno es mediante la redacción de leyes que prohíban a embaucadores promover la credulidad ajena para tener sus consultas llenas de personas con problemas, vender sus curas mágicas o cobrar por su participación en radio, televisión y prensa pero… ¿a qué se debe vuestra tranquilidad frente a la amenaza de que os corten las alas? Yo lo sé. Porque sabéis perfectamente que #sinCiencia los legisladores y los políticos que deben aprobar esas leyes, y que incluso han dejado a la Ciencia sin un ministerio propio, no estarán lo suficientemente formados ni tendrán el necesario conocimiento necesario para saber valorar quién está en posesión de la verdad y quién en el lado oscuro de la Ciencia… y como vivirán siempre en la duda sin saber lo que es Ciencia y lo que es Pseudociencia, no tomarán las decisiones necesarias.

Sí Ignorancia sí, he nombrado a tus amigos los políticos, esos que salvo muy contadas excepciones no han pisado un laboratorio en su vida y creen que la Ciencia es como un coche que, en el caso de pasarse una temporada parado, luego le echamos un poco de gasolina y vuelve a arrancar sin problemas. Pero tú sabes perfectamente que no, que en el caso de que la Ciencia española se detenga definitivamente, cosa que no está muy lejos de suceder, luego no habrá quien la ponga en marcha porque no solamente estará a años luz de otros países que siguen creyendo en ella y en sus investigadores a pesar de estar también en crisis, sino que tus amigas las Pseudociencias y tú la habréis adelantado calando de tal forma entre la población que ya nadie podrá quitaros la careta… y #sinCiencia esa es la sociedad que nos espera.

Uy, perdona amiga Ignorancia, he nombrado a tus hasta hoy tus grandes enemigos, los jóvenes investigadores… pero tranquila que no tienes nada que temer… ¿De qué jóvenes investigadores estamos hablando? ¿Dónde están? Mira querida, en el fondo me puedo considerar un afortunado porque actualmente, aunque no por mucho tiempo, en el departamento universitario donde trabajo no estamos pasando gravísimos apuros económicos y podemos adquirir no solamente reactivos sino también pequeños y medianos equipos, pero los laboratorios se están quedando vacíos, muy vacíos por culpa de la desmoralización en las tropas que los efectos colaterales de #sinCiencia están provocando.

Por cierto Ignorancia, permíteme que aprovechando la carta que te dedico deje una pregunta en el aire… ¿alguien en su sano juicio cree que si los jóvenes investigadores que día a día están a pie de poyata desaparecen de nuestras instalaciones los investigadores principales o secundarios que dirigen los proyectos de investigación van a sustituirlos en sus labores cotidianas? Entonces, ¿quiénes harán de soldados rasos? Qué mal huele esto de #sinCiencia, amiga…

Pero aunque sé que ni tú, amiga Ignorancia, ni nuestro querido ministro que hizo aquellas desafortunadas manifestaciones, estáis preocupados por esos jóvenes científicos que se están yendo al extranjero, o mejor dicho se les están echando, para seguir su carrera investigadora… ¿me podrías responder a una pregunta? Cuando se comenta que los investigadores noveles han de salir de nuestro país… ¿puedo saber bajo qué programa de investigación crees tú que lo harán? Lo digo porque por cada contrato postdoctoral que ahora se ofrece en mis tiempos había diez y claro, ¿no estaremos pensando que se lo paguen de su bolsillo? Y ya que estamos preguntando… Cuándo nos traigamos a los pocos que puedan irse, ¿los estabilizaremos luego o los echaremos tras haberles prometido el oro y el moro? Qué contenta estarás Ignorancia… y cuánta desgracia has generado pillina logrando un país #sinCiencia.

Sin embargo, y aunque nunca es bueno descubrir las cartas de uno hasta que la partida no haya acabado, me gustaría advertirte querida Ignorancia de una cosa. A pesar de que la primera y crucial batalla, la de los recortes presupuestarios en materia de investigación básica y aplicada, la has ganado por culpa de decisiones irresponsables de algunas personas que no creen en el desarrollo científico como fuente de riqueza no solamente económica, sino sobre todo intelectual y cultural de un país, la guerra todavía no ha terminado y aún no somos un país definitivamente #sinCiencia.

En los últimos meses estoy descubriendo mucha, pero que mucha gente, que no está dispuesta a dejarse vencer tan fácilmente. Investigadores, docentes, divulgadores y muchas otras personas se están movilizando para impedir por una parte, que la Ciencia se pare definitivamente y, por otra, que tanto tú como las Pseudociencias sigáis avanzando.

Personalmente, y a pesar de los oscuros nubarrones que hay sobre nosotros y el pesimismo generalizado existente en la comunidad científica, creo que todavía la guerra no ha acabado. Nuestra mayor arma contra la #sinCiencia consiste en una forma de pensar unánime, sólida y consistente basada en una serie de principios básicos que paso a descubrirte a continuación, amiga Ignorancia, para que los tengas presentes el día que nos dejen hacer las cosas a nuestra manera… y ese día estoy seguro que, si seguimos sin desfallecer, llegará:

Los descubrimientos científicos por parte de los investigadores les hacen acercarse poco poco a la verdad de las cosas…la divulgación científica de esos descubrimientos genera una sociedad basada en el conocimiento…solamente de un pueblo con alto nivel de conocimiento saldrán unos líderes que tengan el suficiente criterio para decidir correctamente cuál es el camino a seguir… y ese camino, basado en la justicia, la educación y el progreso generará un país con una estabilidad económica, intelectual y cultural donde la Ignorancia y las Pseudociencias no tendrán cabida.

Ale Ignorancia, sigue de fiesta mientras puedas pero no te descuides un pelo porque la Ciencia, aunque herida, no está muerta.

Jose Manuel López Nicolás
www.scientiablog.com

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martes, 30 de octubre de 2012

Somos hijos de las estrellas























¿Conocéis el principio de vuestra historia?

Durante nueve meses estuvistéis en el vientre de vuestra madre. Pero antes, mucho antes, pasásteis millones de años en el vientre de una estrella.

Cada uno de los átomos de carbono que componen el cuerpo de la persona a la que amáis, y el vuestro, se formó en el corazón de una estrella.

Somos, científicamente, hijos de las estrellas.

Después del Big Bang, sólo había átomos de hidrógeno. Esos átomos formaron la primera generación de estrellas, que brillaron durante cientos de millones de años. En su interior se formaron los elementos químicos que sostienen la vida: carbono, oxígeno, nitrógeno. Las estrellas de la primera generación explotaron, esparciendo el polvo cósmico que formaría sistemas solares como el nuestro.

Las tres nubes de gas cósmico que podéis observar en la foto son el embrión de nuevas estrellas. Los astrónomos bautizaron a esa región de la Nebulosa del Águila como “Los Pilares de la Creación”.

¿Puedo proponeros algo? La próxima vez que salgáis a pasear, y veáis una estrella en el cielo, parad unos segundos a contemplarla. Quizás, en su interior, se estén formando átomos que un día cobrarán vida. Quizás, dentro de cientos de millones de años, otro ser contemple las estrellas y piense que alguien en el pasado, mientras observaba el cielo, le vió nacer.

Os dejo en la compañía de Neil deGrasse Tyson, astrofísico y director del Planetario de Nueva York:

Cuando miro al cielo por la noche, me estremezco al pensar que somos parte de este Universo, que estamos en el Universo, y quizás más importante aún: que el Universo está en nosotros. 
Muchos, al mirar las estrellas, se sienten diminutos porque el Universo es inmenso. Yo me siento enorme porque todos los átomos que me forman vinieron de esas estrellas. 
Esta conexión es quizás la necesidad más primitiva del alma humana. Necesitamos sentirnos relevantes, necesitamos sentirnos partícipes de lo que ocurre a nuestro alrededor. Estamos conectados con el Universo. Por el simple hecho de estar vivos.

Principia Marsupia

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